martes, junio 22, 2010

EE.UU. (V): Pyramid lake scenic byway

Sigo con las crónicas del intenso viaje a EE.UU. Para hacer una excursión por el interior alquilamos un coche. Esperábamos un Hyundai, pero finalmente nos soltaron este Mercury Milan. A bote pronto me pareció un tanque demasiado yankee, pero la verdad es que al final me alegré, si uno viaja por EE.UU., lo tiene que hacer en un coche americano de verdad. Ni que decir tiene que por dentro, todo eran recovecos, lucecitas y gadgets extraños. Un buen rato me costó localizar el cruise control.

Salimos hacia el interior de California en dirección a Reno (Nevada), pasando por Sacramento y Davis. En la autopista, subiendo Sierra Nevada, paramos en un área de descanso. Increíble las instalaciones, los servicios, la limpieza... En España sería un estercolero grafiteado.

Pasamos Reno, al que volveríamos por la tarde, y nos dirigimos a lago de la Pirámide, un curioso lago enorme en mitad del desierto de Nevada. Su nombre viene de una isla con forma piramidal que tiene en el centro.

Otra de las curiosidades es la presencia de enormes pelícanos blancos en el lago.

O la roca de la palomita, bautizada así por motivos obvios. Aunque no hacía frío, el viento era bastante desagradable, lo que incluso formaba bastante oleaje en el río.

La carretera que da acceso al lago y lo bordea (la 447) es una Scenic Byway, algo parecido a una carretera paisajística, que en EE.UU. están catalogadas y suelen llevar a lugares y paisajes singulares, además de ser estéticamente valiosas en sí mismas.

La carretera en el desierto es verdaderamente fotogénica. Rectas inmensas plegadas al terreno, casi sin tráfico, marcadas a 65 mph, lo que tratándose de EE.UU. es mucho.

Los cruces eran simples, el desierto inmenso, las montañas, impresionantes.

Junto al lago hay una reserva de indios (no recuerdo de que tribu). Pequeño pueblo, con un museo etnográfico, con alguna gasolinera, todo atendido por nativos americanos.

Pese a estar en el desierto, a lo lejos, las montañas rocosas, tenían todavía mucha nieve, como comprobaríamos de cerca al día siguiente.

Poco tráfico, pero el que había, típico americano... La verdad es el que el desierto tiene su encanto.

domingo, junio 20, 2010

Praga: unas fotos

Aprovechado el puente, y gracias al impulso de la infatigable Kla, nos fuimos a ver la capital de la república (qué locos) checa. Mucho turismo de guía a toda velocidad, pero lo vimos casi todo (de lo turístico, por de la Praga de a pié, poco poco).

Cerca del hotel estaba el muro de John Lennon, un muro que repintan una y otra vez, los unos y los otros. En cualquier ciudad sería una pared más, aquí viene en las guías turísticas.

También cerca del hotel había un pequeño puente sobre el canal de un molino, cuya rueda giraba y giraba sin parar. En el puente, la moda de poner candaditos para sellar el amor eterno, que está científicamente demostrado que dura seis meses.

Un poco descoordinados con los horarios de visita, tuvimos que subir un par de veces al palacio/castillo/catedral que se encuentra al otro lado del río (el poder, que se alejó del pueblo para verlo desde arriba y tenerlo controlado).

En Praga hay muchas galerías comerciales. En una de ellas, esta curiosa estatua, el caballo invertido sacando la lengua con el jinete encima.

Uno de los pocos edificios modernos de Praga es este, obra de Frank Gery, el del Guggenheim, y el de la curiosa bodega de EL Ciego que tanto nos hizo reír. Este es no de los primeros edificios en los que se le fue la pinza. Por cierto, lo llaman Ginger y Fred, adivina el porqué.

En Praga hay un montón de edificios antiguos, pero los que más me llamaron la atención fueron los de primeros de siglo, como este.

Dentro de los edificios de la época destaca la estación central de ferrocarril, impresionante. Lástima que su adaptación a los tiempos actuales haciendo pasar una autopista por su puerta haya destrozado su fachada. Algún día, un concurso de ideas, versará sobre como recuperarla.

Otra de las cosas más interesantes que vimos fue el museo de Alfons Mucha, ilustrador famoso del art decó que además se hizo estas impresionantes vidrieras de la catedral.

El puente de Carlos, con sus estatuas negras, es uno de los símbolos de la ciudad, y probablemente uno de los puentes más famosos del mundo. Desgraciadamente, para disfrutarlo como en esta foto hay que madrugar, porque el resto del tiempo está plagado de turistas arriba y abajo, y de vendedores de jilipolleces varias que podrían venderse en cualquier otro lugar.

Al anochecer, desde el puente, se puede disfrutar de la puesta de sol detrás del palacio (el Cristo es una de las muchas estatuas del puente).

Junto al río hay una zona dedicada al arte moderno. Unos gigantescos bebes gateadores sin rostro dan el toque inquietante...

...mientras que el coche de macramé deja claro que desde que Duchamp hiciera una fuente con un urinario, todo vale en el arte.

Estuvimos viendo las sinagogas judías y el cementerio, curiosísimo, impresionante, todo un mogollón de lápidas. Sinagogas y lápidas, el único resto del barrio judío que fue remodelado en una interesante operación de reforma interior.

Cerca del cementerio una estatua de Kafka (la de Kundera no la vimos, no sé si existe, igual hay qu esperar a que se muera). Queríamos hacerle una foto, nosotros y otros muchos turistas, pero había tres jilipollas sentados bajo ella. Cuando abrieron la boca comprobamos que, como no, eran españoles.

miércoles, junio 09, 2010

Llegó la primavera con el campo desangrado

Unas fotos de primeros de mes, que con tanto viaje y zascandileo no he podido subir. En primavera, las flores aparecen en un orden estricto: los almendros, las amarillas que lo pueblan todo, las margaritas, hasta que, en mayo, aparecen las amapolas.

Amapolas de la Mancha, que aparecen allí donde no llegan los herbicidas. Y este año, con todo lo que ha llovido, de repente, encontramos el campo sangrando amapolas, miles, millones, todas iguales, todas distintas, como nosotros...

Las fotos, no hacen justicia a lo que vimos. Varias veces nos paramos para comprobar que aquello no era un espejísmo. Las amapolas ya están ennegreciendo, y ceden paso al morado de los cardos y sus pinchitos que empiezan a alegrarnos las rutas.

domingo, junio 06, 2010

EE.UU. (IV): Algunos edificios de San Francisco

Un repasito a algunos de los miles de edificios interesantes de San Francisco. No me refiero a los edificios de firma, cuyo interés suele ser efímero. Me refiero a esos que cuentan algo, que son testigo de un tiempo, de una forma de hacer ciudades, de situaciones varias... Arriba un contraste, la pirámide de oficinas del edificio Transamérica achicado por una joyita en la calle, a escala humana, con un negocio abajo y unos vecinos arriba, ahí es nada. Parece que lo ha comprado Francis Ford Coppola, y abajo venden vinos del director de Corazonada (jamás olvidaré a Natasha Kinski...).

A veces los edificios son grandes, pero el tiempo, o mejor, los tiempos cambian, los dejan pequeños. Por eso hay que recrecerlos, ampliarlos, hacia atrás o hacia arriba. Curioso, ¿verdad? Mucho más interesante y valioso que la solución española: demoler y construir.

A veces uno encuentra edificios parecidos al Flatiron de N.Y., aunque más pequeños, con más ángulo. Si está en EE.UU. lo preside la bandera nacional, si es en España no se sabe.

En San Francisco molan los edificios como este hotel, sobre todo por las escaleras de incendios, y el mega cornisón.
Como las calles tienen pendientes salvajes (ya haré, o no, un capítulo para las calles), la altura de los edificios varía salvajemente. A un lado un cochera, al otro, un casi nada. La escalera en medio, a distinto nivel que las crujías laterales. Mira, mira, mira.

A veces los edificios son pequeños y otros más grandes los arropan, les dan cobijo, los abrazan... O a lo mejor al pequeño le cortaron los pies y bajó un par de plantas.

Pero en San Francisco también hay edificios en el lado oscuro de la fuerza, como este horrible e inmenso edificio de aparcamientos. Algo falla en las ciudades cuando lo más rentable que sabemos hacer con un suelo es utilizarlo para almacenar cacharros.

miércoles, junio 02, 2010

EE.UU (III): San Francisco en bici

Tras días de estres y cachondeos varios, sigo con las crónicas del viaje a EE.UU. El segundo o tercer o cuarto día, no sé, da igual, alquilé una bici (una TREK de híbrida) para dar un voltio por San Francisco. La primera parada frente al Ayuntamiento. Poco más adelante pasamos (tras un par de rodeos) por un parque al que dan un conjunto de casas parecidas que aparecían en alguna que otras serie de TV (seguro que te acuerdas).

El skyline de San Francisco con la famosa pirámide del Transamérica.

Seguimos por los carriles bicis y bike boulevards de SF, hasta llegar al Golden Gate Park, un inmenso parque que da servicio a la ciudad.

Poco más adelante atravesamos un típico barrio de SF, una zona con muchos asiáticos, y alguna iglesia de tufo colonial.

Por allí pillamos comida tailandesa para hacer un pic-nic, y mientras esperábamos comprobamos las curiosas señales americanas: en EE.UU. las señales no usan pictogramas, sino textos. En esta te dicen que no puedes aparcar de 7 a 8 de la mañana los martes y los jueves porque limpian la calle. Otro elemento americano a tope, los tendidos eléctricos aéreos.

Tras no poco esfuerzo, llegamos a una playa desde la que se veía el omnipresente Golden Gate: I-M-P-R-E-S-I-O-N-A-N-T-E

Tras una cuestecilla llegamos al arranque del puente, que se puede cruzar por ambas aceras, aunque una tiene el carril bici.

El Golden Gate cruza la entrada de la bahía, por la que entran los barcos a los puertos de San Francisco y Oakland.
Poco más adelante paramos en un parque para comernos la comida Thai, y hacer unas fotos de los pescadores con el puente al fondo. ¿Mola, eh?

Tiré muchas fotos, es lo bueno de las digitales. Arriba comprimiendo planos con el tele (1,2,3 y 4) abajo, el revés con el poco angular de la compacta (tengo que comprar una cámara, mi Olympus palmó en Bulgaria).

Dejamos el puente atrás y continuamos hacia San Francisco. Paramos en un curioso parque que conserva edificios de una expo del pasado.

Cerrando el circulo, devolvimos la bici donde la alquilamos, y nos acercamos a la antigua estación de ferrys, desde se contempla el puente de la Bahía, que también os sonará de las películas.
Larguísimo puente formado por dos colgantes con tráfico en dos niveles, y un tramos de celosía que están sustituyendo, porque parece que tiene problemas con los terremotos, y ya se sabe, en San Francisco siguen esperando al Big One.

Conclusión: un lujo recorrer San Francisco en bici, una manera fascinante de recorrer la ciudad.