miércoles, abril 14, 2010

Ruta Azuer+Guadiana+tablas=molinos (I)

Liados por unos compañeros del curro, el sábado pasado nos fuimos de ruta extra. El plan era sencillo: tren regional hasta Daimiel y, siguiendo el Azuer curso abajo y luego el Guadiana, vuelta hasta Ciudad Real (63 km de GPS). Nada más salir de Daimiel vimos el puente que llaman "romano": por llamar que no quede.

Es curioso porque hace unos meses, en octubre, estuvimos por dándole la vuelta a las tablas de Daimiel, y entonces, aquello era un secarral agonizante. Es alucinante como ha cambiado todo en este tiempo. Para reflexionar: como diría uno que yo me sé, no somos nadie.

Castigados por un fuerte viento de costado, a los pocos kilómetros llegamos a la unión del Azuer con el Guadiana donde estaba el molino de máquina, del que no queda nada nada.

Al llegar al Guadiana, giro de 90 grados y, oh aleluya, el viento a favor. Sin dar pedales, pronto llegamos al molino de puente nuevo, en deplorable estado, tipológicamente similar a su vecino, el molino de Griñón.

El lienzo que se conserva muestra elegantes aparejos de ladrillo en los arcos de las ventanas, y la construcción mixta de ladrillo, mampostería y tapial.

Pocos más adelante llegamos al molino de Griñón, mejor conservado, pero que necesita intervención inmediata para no quedar como su vecino de puente nuevo.

Continuamos sin esfuerzo hasta llegar el molino de Molemocho, que coincide con el carreterín de acceso al Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. El molino ha sido restaurado con acierto y aloja en su interior un centro de interpretación de las tablas y los molinos hidráulicos. Con agua bajo el edificio, el molino queda mejor que hace unos meses.

Nos acercamos al parque a ver el ambiente, porque aquello era una especie de romería. Impresionante la resurrección de las tablas. A ver si aprovechamos el momento...

Como había mucha gente, continuamos nuestro camino río abajo. Junto a la ribera, unos gansos andaban alimentando a sus crías. La vista desde allí del molino de Molemocho en el agua, era verdaderamente esperanzadora.

Continuamos por un hermoso camino de borde las tablas, en el que no había nadie, y llegamos a un curioso lugar con cerezos en flor al sol junto a la orilla. Un lugar fantástico más para la lista.

Nos cruzamos con los compañeros de trabajo que iban haciendo la ruta en sentido contrario, penando contra el viento. Poco más adelante un viejo aprisco en ruinas, dio para unas fotos.

Empujados por el viento, pronto llegamos a una de las presas que se hicieron para retener el agua en las tablas y que hoy son claramente desbordadas por la crecida del Guadiana. Impresionante.

Un poco más adelante llegamos a Puente Navarro, donde nos tomamos una cocacola y comimos. El molino de puente Navarro ha sido restaurado (por fuera). Allí me quedé sin baterías en la cámara, por eso, este fantástico viaje por el patrimonio harinero del Guadiana, seguirá en la segunda parte, cuando Kla me pase las fotos de su cámara...

P.D.: Haz click aquí para ver la segunda parte.

domingo, abril 11, 2010

Las fotos de semana santa

Semana Santa tranquila, tras la ruta por las minas, noche de farra con los viejos amigos, al Cripta, que no se diga, como tantas veces, litros, música (desde la cripta), y futbolín (pese a haber perdido facultades, como mola, el futbolín deporte olímpico ya!!!). A mitad de partida un lesionado, rotura de columna completa del extremo derecha de la Real. El dueño del bar, nos regaló el cadáver, todo un detalle, y el extremo se vino con nosotros de cañas al día siguiente.

Reunión de amigos, arroz, paseíto, y gincana fotográfica sin premios. A mí me salieron un par de fotos para el concurso (el puentecillo de Picón y los líquenes de las cuarcitas), pero seguro que me ganan el capo muñón o el amosanda. A ver si nos mandan colaboraciones y vemos de qué fueron capaces...

jueves, abril 08, 2010

La sombra del ciclista

Una toma fácil, un poco de photoshop, y a veces, hasta salen fotos chulas. El uesmaster del séptimo por una vieja carretera de macadam de cuarcita roja, con algo betún exudado en riego superficial, con el contraste forzado, y algo saturado...

martes, abril 06, 2010

Despedidas: De Cine

Vuelta a la casi desierta filmoteca de Ciudad Real (peor para ellos, ellos se lo han perdido), a ver una buena película, Despedidas. Cine japones del nuevo (suele ser bueno, suele ser interesante), que muestra cómo se ve la muerte en ese mundo. La película me ha gustado mucho pese a estar doblada al castellano, lo que hace que los japoneses (más concretamente las japonesas) parezcan ridículos. Los que por fortuna hemos podido conocer japonesas, sabemos que de todo menos cursis y chorras al hablar. Pese a las apariencias, las japonesas no son sensibles muñecas de porcelana, sino tías con un par...

Envidio el respeto de los japoneses. La película trata la muerte a través del trabajo de un embalsamador que, en su trabajo, sigue un interesante ritual en la cultura japonesa. Pese a las reticencias del entorno, el trabajo dignifica y ayuda a pasar el trago a los familiares del difunto. La película recurre a veces a algún recurso un poco efectista y fácil de más, pero en todo caso merece mucho la pena, con una hermosa música (siempre la música) , con buenos actores, con bonitos detalles, e incluso, algún minuto de más. No en vano, y aunque eso no siempre sea una garantía, recibió el oscar a la mejor película extranjera en 2008.

Al morir, en Japón, los vivos dan las gracias por todo a los que se van. Es digno, es bueno estar agradecidos por lo que nos han dado. En un libro que leí hace tiempo (no sé qué episodio de la Cronique des Pasquier, de Georges Duhamel), el protagonista lo perdía todo y, a la vez, lo ganaba todo (si quieres saber a santo de qué, te lees el libro ;-), pero en el fondo era algo parecido a lo de esta película). Intertextualizando, una vez escribí una frase de agradecimiento: gracias por todo, que es mucho, es todo. Hoy, gracias al cine, cine del bueno, recupero esa frase, y espero que algún día (muy, muy lejano) alguién me la diga a mí. Entonces, todo habrá merecido la pena, lo habré ganado todo.

Si puedes, te vas al videoclub, a la mediateca, al emule, o donde sea, y te ves Despedidas, de Yojiro Takita.

domingo, abril 04, 2010

Ruta de la Minería: San Quintín y algo más

Aprovechando las fiestas nos fuimos de ruta en busca del patrimonio minero de la zona de San Quintín. Gracias a los GPS es fácil abrir nuevas rutas, solo hay un obstáculo, la codicia, egoísmo e incultura de los propietarios que se empeñan en que no entre nadie en "sus" fincas, ayudados por la incompetencia e incultura de algunos políticos.

Poco después de salir de Villamayor, tomamos un camino que va a Tirteafuera. Pronto cruzamos el trazado del FC de Puertollano a Minas de San Quintín. En otros lugares (una esas comunidades autónomas que no están a la cola de España, por ejemplo el carrilet de Girona a Olot), esta infraestructura sería una vía verde, aquí, en Castilla - La Mancha, está abandonado, y como no, cortado. Tomando el trazado por el desmonte de la foto de arriba, llegamos pronto a las minas de Villazaide.

Quedan restos del castillete de piedra, el edificio de la máquina (inicialmente, muy probablemente de vapor) y otro de un transformador.

Quedan restos de hornos, balsas, y la base de una chimenea de ladrillo.

En las cercanías, restos del poblado, todo abandonado, claro. Desde allí intentamos seguir el trazado del FC, pero a los pocos kilómetros nos encontramos con un "amable candado" en una simpática puerta. Marcha atrás y camino para Tirteafuera.

En Tirteafuera, subimos a la iglesia, desde donde se divisaba una vista espectacular del campo en primavera. Allí tomamos uno de los caminos que salían hacia las cañadas que pasan cerca del pueblo y por las que, gracias a Dios, de momento se puede ir en bici.

Al poco rato de circular por un camino, encontramos un montón de restos de pequeñas casillas. Algo extraño, incluido un magnífico pilón.

De repente nos topamos con otro castillete, parece que el de las minas del Campillo. Más patrimonio minero, del muy abundante de la zona, todo abandonado, claro.

Poco más adelante, otro castillete, más moderno, con el pozo anegado y un viejo motor de gasóleo que hace mucho que no drena, na de na.

Tras ver las minas, tomamos la Cañada Real en dirección sur, (ahora parte de la ruta del Quijote) y cogimos el camino de Almodóvar a Almadén con la intención de ir a Navacerrada, una de las pedanías del Almodóvar del Campo. Por allí nos reímos mucho con los paranoicos dueños de las fincas, que no quieren visitantes (y son tan ingenuos de pensar que cuatro carteles pueden disuadir a furtivos, ladrones, asesinos sin piedad, criminales varios, terroristas islámicos... me escojono, panda de pringaos).

En Navacerrada nos comimos los bocatas con unos botellines y nos tomamos un cafetito en el bar del pueblo. Vimos las viejas escuelas, con pinta del ser de los veinte.

Tras comer, decidimos salir por la calle "Camino de San Quintín" y luego por el camino llegamos a un paraje precioso junto al río Tirteafuera, que ¡está vallado! ¡Que le den al Dominio Público Hidráulico! (Confederación, ¡¡¡defiende lo nuestro!!!).

Pues nada, la valla no era el camino, el camino de San Quintín está perdido, cortado por una valla con un candado (como nos dijo un paisano muy amable). Buscando en internet, he comprobado como el Ayuntamiento de Almodovar se ha cepillado más de 400 km de caminos públicos: lástima de incultura de los políticos, la pena es que dentro de unos años, cuando generaciones más y mejor formadas tomen el control, el daño hecho por estos incultos será irreparable.

Marcha atrás, y nos metimos por un camino a ver si conseguíamos llegar a la carretera, un par de puertas (¡qué afición eso de ponerle puertas al campo! y un candado que nos obligaron a hacer algo de escalada y salto. Deportes de riesgo.

Por la carretera llegamos a la Cañada de nuevo, y por esta otra vez al Tirteafuera, con mucha agua como se puede ver.

Por la cañada llegamos a la escombrera de San Quintín, y poco más allá subimos a una duna formada por el polvo de años y años de separación del plomo, el zinc y la plata.

Visitamos el castillete, obviamente en ruinas y abandonado, una curiosa obra a base de sucesivas ampliaciones.

Como lo de volver por el trazado del FC era una quimera, nos dirigimos por otro patrimonio interesante, la carretera de Villamayor a Cabezarados, que gracias a no tener casi tráfico se conserva con un simple riego sobre el macadam, y es una gozada para pasearla en bici.

Y así terminó esta ruta espectacular, con la naturaleza en pleno esplendor, con los tontos cierra-caminos, y con el patrimonio abandonado y un territorio en desaparición, ocupado por grandes fincas de unos señores de Madrid, que no desarrollan el territorio, que todo lo que sacan de las fincas se lo llevan y a los que encima, les deben dar asco los demás mortales, porque se empecinan en alejarse de sus semejantes. Una pena.

viernes, abril 02, 2010

Ruidera, de fotos

Visita a Ruidera, a ver el agua, en cantidad, aprovechando las fiestas, para comer, un paseo y ver aquello. Un buen momento para sacar de paseo a la nikon, que la tengo un poco olvidada. Las fotos de naturaleza no son mi fuerte (bueno, ningunas los son), pero bueno, había buena luz pese a estar en las horas centrales del día.

Mucha gente, sobre todo cerca de la carretera. Fuimos hacia la ermita de San Pedro, y por allí estaba todo un poco más tranquilo.

A la vuelta pasamos por el pantano de Peñaroya, que está rebosante, nunca mejor dicho.

Allí también había gente, alguna parejilla que se hacía fotos, un deja vu más.

lunes, marzo 29, 2010

Fuencaliente, días 2 y 3

El segundo día en Fuencaliente nos llevó hacia el valle de los Pedroches, hacia el sur, atravesando interesantes zonas de encinas, con arroyos caudalosos y todo tipo de explotaciones ganaderas: cerdos, vacas, ovejas, caballos...

A los pocos kilómetros encontramos un ternero muerto que alguien había remolcado recientemente junto al camino, posiblemente para retirarlo.

En toda la zona abundaban los rebaños de merinas, cargadas de lana al final del invierno y atiborrándose del abundante pasto que estas lluvias han dejado. ¡¡¡La primavera ya está aquí!!!

Después de la ruta comimos (muy bien) en el hotel Sierra Madrona con sus curiosos árboles azules. Cachondeo colectivo en la comida y paseo por el pueblo. Me llamó la antención algo que va para reliquia, el cartel de un bar de cerveza Calatrava todavía superviviente de las desastrosas concentraciones empresariales del sector de los derivados de la cebada, je, je, je.

El día tres la ruta fue más corta, pero no menos bonita ni emocionante. Estuvimos por Peña Escrita, la montaña con pinturas rupestres, para adentrarnos en una zona espectacular, subiendo sin parar, pinos, robles... Caidita de automáticos de Kla, y comida junto a una casa abandonada.

Sabiamente decidimos acortar la ruta con lo que improvisamos el recorrido, afortunadamente no dimos con ningún cierre infranqueable, y la verdad es que cerramos tres días impresionantes de compañía y bici. ¿Qué más se puede pedir?

jueves, marzo 25, 2010

Ruta en Fuencaliente

Este puente de San José estuvimos de bici en Fuencaliente. El primer día, hicimos una ruta preciosa, algo durilla (IBP de 96) y de casi 60 km. La ruta me la bajé de Wikilog, por si alguien le interesa hacerla. El recorrido comenzó en el puente de la carretera sobre el río Montoro, y fuimos a las Minas de Horcajo pasando por el túnel de ferrocarril de Puertollano a Peñarroya (que esperemos que algún día sea una vía verde). Minas de Horcajo es un pueblo abandonado (y demolido) que en su día llegó a tener 1800 habitantes y donde solo se conservan los castilletes de las minas, una central hidroeléctrica y la iglesia. Ya estuvimos aquí hace un año cuando hicimos las rutas desde Villanueva de Córdoba.

Igual que entonces nos acercamos a ver el viaducto del viejo ferrocarril. Intenté llegar por abajo, pasando bajo el Viaducto del AVE, pero nos dimos contra una valla de 2 metros de altura con lo que no logramos verlo desde abajo. Otra vez será.

Desde Horcajo, salimos hacia el norte, pero en vez de usar de nuevo el túnel, subimos un bonito puerto que nos hizo pasar junto al viejo cementerio de Horcajo. Tras coronar el puerto, una bajada espectacular nos lleva hasta la parte superior de una de las embocaduras de los túneles del AVE.

Cruzamos un pequeño valle, y subimos de nuevo para salir al valle de Alcudia, a la renombrada Venta de la Inés, citada por Cervantes en Rinconete y Cortadillo, creo.

Desde allí continuamos por el valle de Alcudia, en una dehesa espectacular de encimas, cruzando arroyuelos, ahuyentando rebaños de ovejas, disfrutando de la compañía...

Tras cruzar la N-420, nos dirigimos en busca de la encina milenaria, que después de ver muchas veces los carteles en la carretera, por fin iba a ver. La encina es espectacular, a pesar de que por los años tiene ya cicatrices de haber perdido algunas ramas.

Quizás una foto con gente hace entender mejor el tamaño del árbol. Impresionante. Cobijados por su sobra hicimos un pic-nic para recuperar energías, todavía nos quedaba un buen trozo de ruta. Continuamos por el valle y, poco antes de pasar de nuevo bajo el FC Puertollano - Peñarroya, de repente descubro que el GPS no ha cargado el resto del recorrido, con lo que toca tirar de tablas, de memoria, de orientación (y de la cartografía del GPS, todo hay que decirlo), y tirar para adelante. Como no teníamos claro cual era el camino correcto acabamos junto a la ruta del Quijote, pero al otro lado de otra gigantesca valla cinegética de 2 metros de altura. ¡Qué puta manía de ponerle puertas al campo!

Tras andar un poco por la valla encontramos un resquicio para pasar por debajo aprovechando un pequeño cauce, y las bicis, no sin esfuerzo pasaron por encima de la valla. Ya localizados, subimos pro la ruta del Quijote el puerto de Ventillas, duro pero no imposible. Bajada fulgurante y, tras vadear el MOntoro, llegamos al pueblo, respostaje de agua, y salida hacia la carretera. Un atajo improvisado nos permitió ver unos venaos y, sin más novedad, acabamos junto a los coches, cansados pero alucinando del espectacular día de bici que habíamos pasado. Y todavía quedaban dos días...

martes, marzo 16, 2010

Y de remate, a Bilbao

Final del periplo por el norte en Bilbao, ciudad transformada gracias a un museo que oculta una buena gestión, un proyecto de ciudad, una confluencia de intereses... ¡cuánto tenemos que aprender de Bilbao!

Ría transformada, de puerto, de cloaca, a espacio público, a soporte de tranvías, de nuevas arquitecturas, de carriles bici... Hasta reclamo turístico.

Bicis de alquiler y escaleras de bajada a los antiguos muelles de la ría.

La pasarela de Deusto, que lleva de la univeridad a la nueva biblioteca firmada por Moneo, es obra de Fernández Ordóñez, ingeniero y humanista... Un referente.

Pero todo se acaba, y entre la nieve, cogimos el camino de vuelta para volver a salir con la bici, como el solitario ciclista que sube el puerto.

domingo, marzo 14, 2010

Más fotos, gallegas

Pocas más imágenes logré en Galicia. Arriba, un bloque de hormigón para un pavimento de esos que dejan crecer la hierba (en el norte, porque aquí no crece nada).

Otro de mis temas favoritos son los aleatorios collages que los carteles semiarrancados dejan en las paredes, donde van formando capas y capas, donde se tapan y, a veces, aparecen. Las imágenes resultantes tienen siempre algo de surrealista.

Salí de Galicia en dirección a Santander, donde vi una hermosa puesta de sol...

Senderismo por el Eume

Una vez, en Galicia, disfrutando del Eume y si entorno natural. Esta vez por zonas altas, muy bien acompañado de un grupo de gente maja, de esa a la que le gusta disfrutar de las cosas pequeñas de la vida, etc...

Robles, pizarra, granito, helechos y líquenes. Pic-nic, comida, paseos... naturaleza a mogollón. Un lugar fantástico para hacer fotos, pese a que la luz no acompañara (ni la cámara).

viernes, marzo 12, 2010

A Coruña, en tren

Ya pasó febrero, el mes corto, que empieza con un principio y acaba con un final, paradojas del calendario. Coñazo de mes pasado por agua. Abrimos marzo de camino a Coruña, en tren, en buena compañía, disfrutando de interesantes conversaciones en las muchas horas del trayecto. A veces yendo despacio, uno avanza más.

Lo de las fotos desde el tren es un manía, pero no me puedo reprimir, me encanta la combinación de velocidad, carriles, reflejos y paisajes. Así son las fotos desde el tren...